
Los depredadores existen. Matan, lo sabemos. El problema no radica en su presencia, en su intrínseca realidad. Surgen las complicaciones cuando las fauces se esconden tras pieles suaves y un aspecto inocente, cuando se pretende edulcorar la realidad simplificándola hasta extremos en los que queda del todo irreconocible.
Estamos en período pseudoelectoral, precampaña diríase. Ahora se buscan buenos disfraces por ciertos sectores que venían oliendo a rancio y que desde tiempo atrás buscaban la ocultación de sus auténticos fines tras supuestos benevolentes propósitos.
Se prometen deducciones extravagantes del IRPF, extraños ministerios de propósitos inconcretos, se entremezclan las ideas del temible neoliberalismo con el conservadurismo clásico y se intensifica la mercadotecnia en la búsqueda precipitada de un aspecto de rejuvenecimiento. Unos hacen el papel reversible de poli bueno, otros poli malo.
Realmente me resulta bastante inquietante la narcótización de los conceptos que pretende la derecha. Ejemplos no me faltan. Militantes y ‘apolíticos’ partidistas. Ejemplos sobran en esa empresa ideológica que ha emprendido dicha ala, y no solo en España, aunque en nuestro caso es más llamativo.
Concreto.
Tenemos un partido aquí, en la nación que preestrena letra para el himno, que bien se sube al carro del liberalismo bien pasan a autodenominarse democristianos con una asombrosa celeridad. Tachan a la izquierda de crear y alimentar el concepto de la derecha e intentan unir con lo antiguo estas denominaciones. Ya los y las ves apoyando una manifestación de alzacuellos y túnicas en favor de su modelo familiar ya las y los tienes celebrando bodas entre homosexuales o prácticando el tan deplorable divorcio.
Ahora nos llegan con sus proclamas simplistas. Nos recuerdan que rompemos España, que se nos derrumba. Somos como termitas. Hemos carcomido la familia tradicional y tan viles son nuestras pretensiones que capaces hemos sido de hacer leyes de contenido social. Me alegro de mi condición. Solo tengo ante estas acusaciones una palabra, gracias.
Gracias porque la multiplicidad de supuestos sociales de familia que quedan legalizados y reconocidos con la Ley del Matrimonio Homosexual no tiene parangón.
Gracias porque luchar por una igualdad real de oportunidades desde una óptica socialdemócrata tanto entre personas como en los hechos de género amplía el sentido de la democracia y refuerza los derechos y libertades que se reconocen en el art.14 de nuestra Constitución, la de 1978, aquella que la mitad de los mayores de cuarenta años de sus filas se pensaron dos veces el votar.
Gracias porque ahora muchas personas podrán disfurtar de su libertad gracias a la Ley de Dependencia, porque el sueldo mínimo se halla incrementado hasta los 600 € o que no haya soldados españoles colaborando en una guerra absurda.
Gracias por considerarme termita que ataca los cimientos de la injusticia social.
No os disfracéis ahora, unos de neoliberales que buscan una imagen cool, que fustiga a la socialdemocracia porque desde su fe monetaria asumen su teoría de que una mano negra moverá mágicamente cantidades ignomiosas de dinero en pro del desarrollo social, que nombran a Adam Smith, que mueren por el capital; otros de democristianos tolerantes que luego no respetan más que su modelo de sociedad arcaico, que confunden creencia y estado, que critican el nacionalismo y son los primeros que arden de pasión ante una bandera, que hacen apología del fin del mundo dominical cada Lunes, que no se llenan los espacios entre los incisivos con la palabra democracia y expulsan un hálito de conservadurismo estricto.
Se que sería una utopía en la actualidad, pero serían interesantes unos comicios en los que se hablara junto a las promesas del respaldo ideológico que estas tienen. Anonadado me quedo y en tensión estoy cuando desde el partido del albatros ( no, no es una gaviota ), se habla de política social. Sí, todos los partidos pueden construir hospitales, véase Madrid. Ahora, ¿ Quién gestiona ? ¿ Público o concertado ?
De todas formas seguirán ahora con sus publicistas en cuevas, con la fuerza que da este tirón final y la espectativa de esquematizar tanto el mensaje que la letra pequeña parezca inexistente. Pero cuando veáis un cartel que proclame: ‘ Con Rajoy es posible’, no riáis. Lo divertido es hacer variaciones del mensaje, añadiéndole antes a la frase un ‘ Que la colada no destinte ‘ u otros enunciados, pero lo interesante es que le preguntéis a ese gigantesco panfleto ya no qué es lo que es posible ( que estará bien marcado ), si no cómo. Porque todos los caminos llevan a Roma, pero no todas las veredas son iguales y es bastante importante no llegar con el futuro hipotecado y el cuerpo ( del proyecto ) mutilado por las heridas que hicieron lobos escondidos bajo pieles suaves y aspecto inocente.